jueves, 30 de noviembre de 2017

Carta de Jesús desde el aeropuerto de Katmandú

Jesús con algunos de los niños y niñas del proyecto de Nepal

¿Cuántas veces has escuchado aquello de "el tiempo pasa volando"? Escribo esto desde la sala de espera del aeropuerto de Katmandú y, sinceramente, no sé dónde se han quedado los últimos 24 días que he vivido. Esta experiencia ha sido como un flash: fugaz, sí, pero también muy intensa. He quedado cegado con la amabilidad de la gente, con el esplendor de la innumerable cantidad de templos, con la -por qué no decirlo- bulliciosa y estresante ciudad y con su opuesto contraste de la naturaleza del resto del país; pero, sobre todo, he quedado totalmente obnubilado con la forma de ser, la felicidad, el compañerismo, la sinceridad y la más pura bondad de los niños y niñas del proyecto de Nepal que he podido conocer gracias a la colaboración y ayuda ofrecida de Tumaini. Valores que me han hecho experimentar en su total esencia y naturaleza, muy codiciados en occidente, pero no tan fácilmente vislumbrables.

Recuerdo el momento en el que puse mi primer pie en tierra nepalí: quedé alucinado con la estatua de Buda que vi nada más bajarme del avión, sin saber que, seguramente, mañana cuando llegue a España me sienta extraño cuando camine por la calle y no vea ninguna. Me encontraba temeroso por ser la primera vez que salía de Europa, que viajaba solo y que hacía un voluntariado, pero a la vez cargado de ganas de aprender y de ayudar. La verdad es que llegué de rebote a este proyecto de Tumaini, sin haber oído hablar de él y tras haberlo elegido un poco a ciegas, pero ahora no puedo estar más contento con lo que el azar me ha deparado.

Uno de los niños del proyecto. Al fondo, juegan a baloncesto.

"Nunca vas a estar solo"

Haré un punto de inflexión que creo necesario, ya que sé de primera mano que hay mucha gente en esta situación. "Me encantaría hacer un proyecto de este estilo, pero no tengo a nadie con quién hacerlo"; "si voy sin nadie, me voy a sentir muy solo y deprimido"; "no sabré desenvolverme en una vida y cultura tan diferente"; "mi inglés no es bueno y, por tanto, no puedo viajar solo"; y un sin fin de excusas más.

Pues bien, después de participar solo este proyecto, sin prácticamente coincidir con ningún voluntario más, he de decir que este hecho ha sido toda una suerte y no puedo recomendar más vivir esta experiencia solo. Un proyecto de este estilo te impregna en la cultura local y te permite abrirte más de lo que estamos acostumbrados en el ámbito social, dejando de lado los miedos y convirtiéndolos en ganas y energía. Si viajas con alguien que conoces, siempre vas a estar más pendiente de esa persona y no vas a tener una actitud tan sociable porque ya tienes a alguien contigo y "no lo necesitas". En cambio, viajar solo en este proyecto te supone todo lo contrario y, sinceramente, la evolución y el cambio que notas como persona es brutal.

Además, nunca vas a estar solo. La coordinadora del proyecto en Katmandú es encantadora y siempre va a estar pendiente de que estés como en casa; tanto Mónica como el resto de coordinadores de Tumaini van a estar a tu disposición las 24 horas del día para cualquier duda, preocupación, comentario... que quieras hacerles, preocupándose por tu situación casi a diario; los niños son increíbles y te tratan como a uno más e intentan acogerte desde el primer momento; siempre vas a conocer a otros ex-voluntarios del proyecto que andarán por Katmandú; y, además, vía redes sociales podrás contactar con grupos o páginas de españoles que se encuentran, en este caso, en Nepal, y que están en tu misma situación y están dispuestos a quedar para ver la ciudad juntos, tomar un café o, simplemente, charlar.

Sinceramente, os tengo que decir que he conocido más gente aquí que la que podría haber conocido quedándome en España, y sé que en algunos casos me llevo muy buenos amigos. Tuve la suerte de poder hacer una escapadita a Pokhara (totalmente recomendable) y, en el hostal, coincidí con unos 20-25 españoles, además de amigos que hice de todo el mundo. De verdad, hacedme caso: nunca vais a estar solos, y cuando os lancéis a viajar por vuestra cuenta, os vais a dar cuenta que hay mucha más gente en vuestra misma situación de la que creíais.

Jóvenes del proyecto junto a Jesús. 

100% Inmersión cultural

Volviendo al proyecto en sí, no tengo más que palabras de elogio. La forma en la que Tumaini ha organizado esta experiencia es, simplemente, increíble. Vives en el mismo edificio que los niños y la coordinadora, lo cual hace que estés en continuo contacto con ellos y con la cultura local. Aprendes de primera mano cómo viven aquí, y ello te hace sentirte uno más. Ves a los niños prepararse para ir al colegio, hacer la tarea (a lo cual puedes ayudarles, sobre todo a alguno que otro que les cuesta más, y ellos te lo agradecerán con una infinita sonrisa), juegas con ellos, comprendes su forma de ser y sus preocupaciones... En definitiva, no se me ocurre mejor forma de conocer una cultura tan distinta a la nuestra. Como dije, elegí Tumaini un poco a ciegas, pero ha resultado un acierto absoluto, tanto desde el punto de vista de organización del proyecto como desde el punto de vista de su trabajo. La verdad, ahora no puedo estar más contento de la forma en la que ha fluido todo.

Abrazo colectivo con los peques de la ONG nepalí.

Sonrisas a pesar de la distancia

Si me pongo a hablar de los niños, directamente es que no encuentro palabras para expresar lo que siento por ellos y cómo me han hecho sentir. Bondad, compañerismo, solidaridad, trabajo, felicidad, cariño, responsabilidad... Son sólo alguno de los valores que desprenden diariamente y que no dudan en compartir contigo, invitándote a ser como ellos a cada momento. Sinceramente, les admiro.

No pueden ver a sus familias, no pueden ni siquiera hablar con ellos, y aun así consiguen sobreponerse a la situación y siempre ser capaces de regalarte una enorme sonrisa de forma desinteresada. Aquí te das cuenta de todo lo que nos quejamos sin motivo en Occidente y de las cantidades de bienes materiales que necesitamos para ser felices, cuando no son en absoluto necesarios. Te hacen darte cuenta de muchísimas cosas, te hacen aprender de su actitud y, en definitiva, te hacen ser, inevitablemente, el primer beneficiado de la experiencia, pese a que eres tú el que en principio va a ofrecer su ayuda.

Las actividades lúdicas y deportivas formaban parte del día a día del proyecto.

Una familia nepalí

He de decir que vine buscando ayudar a la gente que más lo necesitaba, sentirme útil para el mundo y, además, vivir una experiencia que me hiciera crecer como persona. Y, por supuesto, todo ello lo he conseguido, y con creces. Sin embargo, y esto lo digo de forma totalmente sincera, me llevo algo que no podría haber imaginado jamás que me traería de vuelta: una familia. Me han hecho sentir como en casa, no me han podido tratar mejor y el cariño que han mostrado hacia mí no tiene precio. Sé que, a partir de ahora, tengo una gran familia nepalí, y poder decir esto es... Simplemente indescriptible.

Desde luego, cuando te sumerges en una cultura tan a fondo, cuando lo pasas tan bien y te ríes tanto, cuando te notas a ti mismo crecer como persona cada día, cuando conoces a tanta gente diferente a ti, cuando notas cómo tu mente se va abriendo poco a poco a lo desconocido, cuando dejas tantos prejuicios atrás; cuando experimentas todas estas sensaciones, a la vez y con la intensidad que este proyecto te permite... Sí, definitivamente, el tiempo pasa volando.

Abrazo de despedida, justo antes de ir al aeropuerto y escribir esta carta.


Jesús colaboró con el proyecto de Nepal del 7 al 31 de julio de 2017.

miércoles, 22 de noviembre de 2017

Kit del viajero responsable I: ¿cómo no dañar al medio ambiente cuando viajamos?

Una voluntaria del proyecto de Perú, camino al Machu Picchu.

Todos y todas lo hemos vivido: vamos a visitar un monumento, pero está masificado y deteriorado. Hacemos un trekking por el Himalaya, pero por el camino encontramos residuos. Buceamos en una isla de Tailandia, pero hay tantos turistas que apenas quedan corales. Todos los años, más de mil millones de personas recorren el mundo y sus viajes muchas veces perjudican el medio ambiente. Aquí empieza nuestro kit del viajero responsable. Primer capítulo: ¡consejos para minimizar nuestros impactos cuando viajamos!

1 Deterioro de espacios culturales

Hasta hace muy poco, no había límites para visitar yacimientos arqueológicos, monumentos y otros enclaves. El Machu Picchu, el Taj Mahal o el mismo Coliseo de Roma recibían miles y miles de turistas todos los días. Esto ha ocasionado su deterioro y ha empeorado la experiencia de las personas que los visitan. Por suerte, en muchos de ellos se ha determinado un número máximo de personas que pueden visitarlos al día (la denominada “capacidad de carga”), se han puesto turnos de visita, etc.


¿Qué puedo hacer yo?

Como viajero o viajera, puedes hacer mucho para evitar este deterioro del patrimonio:

  • Busca los días con menos afluencia de público para visitar monumentos.
  • Si puedes, viaja fuera de temporada alta. Los precios son más económicos y la masificación mucho menor.
  • Si visitas un monumento y está masificado o deteriorado, pon una queja o sugerencia explicando la situación.
  • Sé comprensivo o comprensiva si visitas un lugar y está cerrado total o parcialmente. La rehabilitación es esencial para preservar el patrimonio. Aprovecha para visitar lugares menos conocidos que seguro te sorprenden. 
  • Nunca, ¡nunca! dejes residuos.
  • Cumple las normas del lugar: si no pueden hacerse fotos o hay espacios que no pueden visitarse es por el bien del monumento.

Turismo responsable en Agra, cerca del proyecto de Varanasi con el que colaboramos.


2 Deterioro de espacios naturales

Son muchos los efectos que producimos, sin querer, cuando viajamos de forma irresponsable: erosión del suelo, aumento de la contaminación, vertidos de residuos en el mar, pérdida de hábitats naturales y presión sobre las especies en peligro de extinción.

Hay gobiernos que ya están tomando medidas. Tailandia cerró en 2016 la isla Koh Tachai al turismo para proteger los corales, la flora y la fauna de uno de los destinos favoritos para el buceo

¿Qué puedo hacer yo?

Tu actitud es clave para evitar el deterioro de los espacios naturales que visitas:

  • No te alojes en primera línea de playa.
  • No te alojes en un gran complejo hotelero donde el gasto de luz, agua y energía es desmesurado.
  • Limita tú también tu consumo. No dejes que haya aires acondicionados desorbitados. Si te ocurre, pide que, por favor, lo bajen. 
  • Infórmate del sistema de reciclaje del país que visitas. Si por ejemplo llevas pilas y no tienes el país no tiene un sistema para reciclarlas, llévatelas de vuelta a casa. 
  • Nunca, ¡nunca! dejes residuos.
  • Si vas a hacer cualquier actividad con animales, asegúrate de que son tratados con dignidad. Visita un centro de rescate de fauna silvestre o un santuario de elefantes, por ejemplo. Además, no invadas su espacio, no hagas demasiado ruido y sigue las indicaciones que te den.
  • Si haces un trekking, no te salgas de las rutas establecidas. 

En India, los voluntarios y voluntarias se implican en la limpieza de montes.

3 Huella de Carbono

Es el indicador que mide la cantidad de gases de efecto invernadero que emitimos al realizar una determinada actividad. Uno de los gases más nocivos es el CO2. El sector de la  aviación es responsable del 2% de la emisión de CO2 generada por el ser humano. Una cifra desorbitada.

Hay gobiernos, como el de Costa Rica, y empresas como KLM, que están investigando sobre el uso de biocombustibles como fuente de energía alternativa y sostenible. La Unión Europea también está intentando regular las emisiones, pero las medidas se pondrán en marcha en unos años.

¿Qué puedo hacer yo?


  • Evita coger vuelos innecesarios. En lugar de tomar vuelos internos y recorrer el Norte y Sur de India en tres semanas, céntrate en una zona o muévete en autobús. Piensa que es imposible que veas todo. Además, así tienes una excusa para volver. 
  • Compensa tus emisiones. Muchas aerolíneas dan la opción a las y los viajeros de compensar el CO2 que va a emitir su vuelo. Por ejemplo, en el momento de la compra, dan la opción de donar una cantidad de dinero a proyectos medioambientales para “compensar” el impacto del vuelo. 

Existen numerosas “calculadoras de CO2” en Internet. Con ellas puedes calcular no solo el CO2 que producen con tus viajes de avión: también el que emites cuando vas en coche, autobús, cuando pones la calefacción, etc. Una vez calculado, puedes compensar tu emisión haciendo una donación a un proyecto.

En Bali, colaboramos con un proyecto de protección del medio ambiente.

4 Mala gestión del agua

Resorts, campos de golf, piscinas, grandes hoteles, duchas en las playas… consumen una cantidad desmesurada de agua. Tanta, que se empieza a vincular el desarrollo turístico con el peligro de sequía. Mallorca, por ejemplo, está en situación de pre-sequía y se cree que en buena parte es causada por el turismo. Porque, según el gobierno municipal, los turistas consumen más del doble de agua que las personas residentes.


¿Qué puedo hacer yo?


  • Aunque estés "de relax", no alargues tus duchas, ni te duches varias veces al día. Consume el mínimo necesario de agua. 
  • No dejes las duchas de playa ni ningún grifo en funcionamiento, si no las usas. 
  • Tampoco dejes que tus hijos o hijas jueguen malgastando este recurso (encendiendo las duchas, utilizando pistolas de agua, etc.). Deben comprender desde pequeños que es un bien muy valioso :)
  • No laves las toallas todos los días, si no es necesario. 
  • Elige alojamientos que reutilizan el agua y se comprometen a no malgastarla.

El Machu Picchu ha limitado a 6000 el número máximo de visitas diario.

Año del Turismo Sostenible

¡Recuerda que 2017 es el Año Internacional del Turismo Sostenible para el Desarrollo, por lo que ahora, más que nunca, debemos tomar conciencia de que nuestras acciones como viajeros y viajeras son poderosas!

Viaja. Disfruta. Pero también: respeta. 

jueves, 16 de noviembre de 2017

Eider en Bali: “no hay nada que cambiaría de mi viaje”

Eider con las niñas del proyecto de Bali. 

Hay experiencias que te impactan tanto que no cambiarías nada de ellas. Eso mismo le ocurrió a Eider, guipuzcoana de 19 años, que este verano dio clases de inglés a niños y niñas de Bali. “No me arrepiento para nada de esta experiencia y me siento agradecida por haber tenido la oportunidad de vivirla”, nos cuenta.

¿Por qué elegiste Bali como destino?

El año pasado quería hacer algo diferente en verano. Quería aprovechar esa época del año para vivir una experiencia única y utilizar mi tiempo libre para colaborar con alguna causa. Busqué “viajes solidarios” en Internet y topé con Tumaini. Después de navegar entre los destinos y proyectos que ofrecía, me decanté por Bali. Había escuchado este destino en boca de muchos y me picó la curiosidad. Quería saber más sobre esta isla y conocer la cultura indonesa. ¡Decidí sumergirme en esta aventura! No me arrepiento para nada y me siento agradecida por haber tenido la oportunidad de vivirla.
Escuchando a las niñas del proyecto. 

¿Cómo era tu día a día en el proyecto?

Por la mañana charlábamos y jugábamos con la gente que se acercaba al centro. Comíamos a las 12 h y planeábamos las clases en una reunión a las 12.30. Después, dábamos clase de 13 a 16 h.

Niñas y niños dela ONG haciendo ejercicios. ¡Tenían muchas ganas de aprender! 

¿Qué talleres realizaste con los niños y niñas?

Durante las clases tratamos distintos temas según el nivel. Con los más pequeños solíamos alternar algún juego didáctico con las clases teóricas, mientras que con los más mayores trabajábamos sobre todo el aspecto gramatical del inglés, ¡siempre estaban dispuestos a aprender más cosas! Los miércoles y sábados solían ser los días de actividades especiales. Son los días favoritos de los niños y niñas. Entre las actividades que hicimos, la más exitosa fue invitar al padre de dos niñas del centro a que tocara la guitarra mientras los niños y nosotros jugábamos a juegos, hacíamos pompas de jabón etc. Nos lo pasamos en grande, ¡aprendimos nuevas canciones y algún que otro baile!

¿Qué es lo que más te sorprendió de Bali y de la ONG?

La amabilidad de la gente. ¡Todos los niños y niñas desprendían felicidad! Al dar una vuelta por el pueblo, las familias te regalaban sonrisas y estaban dispuestas a charlar contigo y a responder tus innumerables preguntas.  Los occidentales tenemos mucho que aprender de ellos.

¡Aprendiendo nuevas canciones y bailes los miércoles!


¿Puedes contarnos alguna anécdota que viviste durante tu voluntariado?

Solía haber unos niños que siempre venían al centro unas horas antes de que comenzaran las clases. Les encantaba salsear y a nosotras nos encantaba verlos jugar y, por supuesto, jugar con ellos. Había uno que nos llamaba la atención, y es que siempre solía venir a jugar pero nunca se quedaba a las clases.

Descubrimos que había dejado de ir a la escuela y que no le gustaba estudiar porque había perdido a sus padres y se había quedado huérfano. El corazón nos dio un vuelco al saber eso sobre él, ¡siempre estaba tan sonriente!

En mi último día, esos niños vinieron al centro a las 8 de la mañana e invadieron la habitación: correteaban por el pasillo y bailaban encima de mi cama. Mientras, yo recogía mis cosas y reprimía la pena por irme de aquel sitio tan mágico. Se pasaron la mañana haciendo dibujos y dejándolos encima de la cama... ¡Me hubiera quedado allí mucho tiempo más!

En la clase, los niños y niñas aprendían y perfeccionaban su inglés. 

Eider viajó a Bali del 14 de agosto al 1 de septiembre de 2017. 

martes, 7 de noviembre de 2017

El “aquí y ahora” en McLeod Ganj

Marta con algunos voluntarios y voluntarias y monjes del proyecto. 

Este verano, Marta Valentí vivió tres semanas en la increíble ciudad de McLeod Ganj. Un lugar donde naturaleza y espiritualidad conviven y donde es mejor no llevar reloj ni hacer planes, ya que “nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina”. Durante su voluntariado con refugiados tibetanos, se impregnó de su filosofía y aprendió a vivir el “aquí y ahora”.

¿Cómo era tu día a día como voluntaria?

Después de desayunar junto con el resto de voluntarios y voluntarias, preparábamos las clases de conversación de inglés para refugiados tibetanos. El momento de clase era la mejor experiencia del día. Además de lo motivados y agradecidos que están por las clases, era un placer conversar con ellos: ¡tienen una visión tan diferente de la vida de la que tenemos tanto que aprender!

El tiempo libre lo compartía con el resto de personas voluntarias. Además, cuando teníamos ocasión, aprovechábamos para visitar los alrededores.

La compasión es la piedra fundamental de la filosofía budista. 

¿Qué te sorprendió de los refugiados tibetanos?

Su generosidad y bondad. Han sufrido grandes injusticias por parte de China (persecución, etc.), y muchos de ellos han vivido experiencias muy duras (han huido del Tíbet cruzando los Himalayas y dejando a familia y amigos atrás). Pero hablan de ellos con compasión e intentan buscar una solución conciliadora al conflicto.

El entorno natural de McLeod Ganj es espectacular.

¿Recuerdas alguna anécdota?

¡Sí! ¡Enseguida aprendimos que en McLeod no se pueden hacer planes! Hay que vivir el momento porque nunca sabes lo que te espera a la vuelta de la esquina. Por ejemplo, puede que hayas quedado con alguien, pero por el camino te topas con un alumno-monje por la calle y te quedas hablando con él media tarde. O puede que hayas planeado hacer una excursión durante tu día libre, ¡pero en el último momento te dicen que el Dalai Lama ha cambiado sus planes y va a llegar en unas horas!

Marta con otros voluntarios y voluntarias de Tumaini.

 ¿Qué es lo que más te gustó de tu viaje solidario?


Convivir día a día con los refugiados y con la gente local. Impregnarte de su cultura y filosofía. Y la fantástica conexión que hubo entre los voluntarios y voluntarias de Tumaini que coincidimos allí. ¡Ha sido un enorme placer compartir tantos buenos momentos con ellos!

¿Qué tal es la gente que coordina el proyecto?

Muy buena! Yeshi, el fundador, fue muy atento y amable y se preocupó mucho porque cada uno encontrara la mejor manera para colaborar en el proyecto.

Tener la mente abierta es fundamental para disfrutar la experiencia.

¿Qué le dirías a alguien que duda en hacer un viaje solidario como el tuyo?

Que es una experiencia muy enriquecedora, ya que te ofrece la oportunidad de convivir con personas de culturas y filosofías muy diferentes a la nuestra. Además en McLeod es fácil conocer a otras personas que también se sienten atraídas por la cultura tibetana. Se crea una conexión muy especial.

Ahora que ya lo has vivido ¿qué recomendarías a alguien que va a viajar?

Ir con la mente abierta para conocer a gente de culturas y creencias muy diversas y saber aprender de todas ellas. Vivir siempre el “aquí y el ahora”, como practica el Budismo, y prestar atención a las oportunidades que se presentan en cualquier momento para poder aprovecharlas. ¡McLeod depara muchas sorpresas!

El grupo de voluntarios y voluntarias también aprovechó para hacer turismo. 

Marta Valentí colaboró con el proyecto de India del 12/08 al 01/09/17. 

jueves, 2 de noviembre de 2017

Un día cualquiera junto a los peques de Perú

Silvia junto a una de las niñas de la escuela - taller de arte. 

¿Cómo es un día cualquiera para una persona voluntaria en Perú? Silvia Lavado colaboró durante un mes tanto con los peques de Cusco como con los de Lamay. Nos cuenta con detalle las pequeñas aventuras cotidianas que se viven en el proyecto y nos confiesa qué le gustó más de la experiencia: “la pequeña familia en la que se convierten los voluntarios”.

“Así viví un día cualquiera de agosto de 2017 en la escuela-taller de arte. El centro abre las 8:30 h. Poco a poco, vamos recibiendo a los niños y niñas con un abrazo, un “buenos días” y la mejor de nuestras sonrisas. Mientras esperamos a que lleguen todos y todas, voy preparando la clase y colocando el material que vamos a utilizar.

Hoy toca taller de pasta con sal y lo tengo todo preparado. He comprado harina y sal, he preparado pequeños recipientes con agua, y he forrado la mesa con papel de periódico.

¡Me hace muchísima gracia que los peques tienen el hábito de lavarse las manos y ponerse crema!

Una de las niñas en el taller artístico. El objetivo es desarrollar la creatividad.

Empieza el taller

A las 9 h hacemos un juego colectivo en círculo y después distribuimos a los niños y niñas en los diferentes talleres (tutoría, cómputo, huerto, música o arte). Normalmente son ellos y ellas los que deciden en qué taller quieren estar.

La idea del taller de hoy es que los y las peques trabajen la imaginación y la psicomotricidad fina y que experimenten con otro material y textura. Hacemos la mezcla. Moldean, ríen y comentan entre ellos las formas que harán cuando la pasta se seque. Mientras, les voy explicando que hemos de dejar en el sol sus trabajos para que se sequen y al día siguiente los puedan pintar.

Llega la hora del recreo y para mi sorpresa no quieren salir, porque quieren seguir moldeando y manipulando su pasta de sal. Así que nos quedamos en clase casi todos :)

Los niños y niñas dejaron mensajes de despedida para Silvia el día que marchó.

El mejor regalo

Mientras manipulaban y moldeaban, los y las peques no paraban de bromear y parecía que no prestaban mucha atención a los pasos a seguir que yo les decía... ¡Pero no fue así! Para mi sorpresa, ya habían sacado algunas de las sillas de clase a un rincón del patio donde daba el sol para poner sus modelajes a secar, tal y como yo les había explicado. Fue una sorpresa muy grata, pero no fue la única... ¡Una de las niñas hizo un corazón y me lo regaló!


Silvia junto al resto de voluntarios y voluntarias en uno de los proyectos. 


Una familia de voluntarios

¡De este viaje solidario me ha gustado todo! El destino, la pequeña familia en la que se convierten los compañeros y compañeras voluntarios y por supuesto conocer y compartir mi tiempo con los niños y niñas de la escuela.

Lo único que he echado de menos es más información de los alumnos y alumnas del proyecto. Por ejemplo, si van a otra escuela, si tienen algún trastorno o discapacidad, su edad, su situación familiar, etc. ¡Aun así la experiencia ha sido muy positiva!"

¡Momento de recreo! El futbolín es uno de sus juegos favoritos. 


Silvia Lavado colaboró durante el mes de agosto en los proyectos de Cusco y Lamay