jueves, 22 de junio de 2017

“La amistad es una de las cosas que nos llevamos de vuelta de Kenia”

Bea, Laura y María junto a niños y niñas de Kenia.
Esta es la historia solidaria de tres chicas que, hace unos meses, decidieron viajar a Kenia para colaborar en un orfanato y escuela. Bea y Laura son compañeras de trabajo, y la experiencia las ha “unido todavía más”. Ya en Nairobi, conocieron a María. Su amistad es una de las mejores cosas que les ha ocurrido en su viaje, además del tiempo compartido con los niños y niñas.

Bea y Laura, vosotras sois compañeras de trabajo, ¿cómo surgió la idea de hacer un viaje solidario?

Bea: hace dos años, yo colaboré con el orfanato de Kenia a través de Tumaini. Mi experiencia fue tan gratificante y emotiva que tenía muchísimas ganas de volver. Estoy tan interesada en este proyecto desde que volví, que he intentado comunicárselo a todo mi círculo de amistades, familia y trabajo. Y así es cómo Laura se animó a venir… Ella llevaba tiempo queriendo viajar como voluntaria y, como le pasa a mucha gente, le surgían dudas y miedos. Supongo que, si una persona de confianza te habla de lo increíble que es vivir esta experiencia, es más fácil lanzarse a la aventura.

María, tú, en cambio, viajaste sola, ¿qué te animó a emprender el viaje?

María: Era una idea que llevaba mucho tiempo rondándome por la cabeza. De hecho, dos años atrás estuve a punto de irme, pero al final no pudo ser. Tuve miedos y dudas desde el principio. De hecho, incluso me planteé cancelar el viaje, pero lo superé siendo realista. Ir sola no significaba estar sola, sino poder conocer a personas con las mismas inquietudes que yo.

Conocer a  Laura y Bea, que justo iban a viajar al orfanato en las mismas fechas que yo, me animó mucho. Aunque sólo fue por teléfono, me aportaron tranquilidad y confianza. Además, tuve mucho apoyo de las personas que realmente me conocen. Una vez vivida esta experiencia, puedo decir, que la mayoría de mis miedos eran absurdos: miedo al idioma, a la falta de seguridad, a no encajar en el proyecto…Todo es mucho más sencillo y mucho más gratificante de lo que podía imaginar.

La educación es uno de los pilares del orfanato de Nairobi.


¿Cómo fue vuestro primer día de voluntariado? 

María: Fue una mezcla de sentimientos: nervios, emoción y curiosidad. ¡Es una sensación indescriptible! Disfruté de la experiencia desde el primer día. Tanto los niños y niñas como los responsables del proyecto nos recibieron con mucho cariño y nos hicieron sentir como en casa.

Bea: En mi caso, era la segunda vez que iba, por lo que mi primer día fue muy emotivo. Tenía muchas ganas de volver a ver a los niños, no sabía si se iban a acordar de mí… Lo que más me gustó fue el abrazo que me dio una de las niñas cuando me vio. Ha sido uno de los momentos más bonitos de esta experiencia: ver que se acordaba de mí y que le hacía ilusión que volviera.  Además, me gustó ver que en el orfanato se habían hecho cambios importantes: una nueva planta para clases, un nuevo edificio, un pozo para suministrarles agua, etc.

¿Cómo os conocisteis entre vosotras?

Bea: A Laura la conocía de mi trabajo. En todo momento sabía que esta experiencia iba a ser aún más bonita con ella. A María la conocí en el orfanato. Yo ya estaba allí cuando ellas llegaron. Como María es de Mérida y nosotras de Madrid, no nos conocíamos, solo por teléfono. La convivencia ha sido buenísima. María es una bellísima persona que ha estado pendiente de los peques en todo momento. Hemos tenido mucha suerte de compartir la experiencia con ella.

María: Las conocí a través de Tumaini, hablé con ellas por teléfono y me animaron a realizar el viaje. Me alegra mucho haberlas conocido. Ambas son una de las mejores cosas que me llevo de la experiencia. Me hicieron sentir muy cómoda en todo momento, son dos chicas con un gran corazón. ¡Creo que hicimos un buen equipo!

Bea con una de las niñas del orfanato y escuela.

¿En una experiencia tan intensa es más fácil hacer nuevas amistades?

María: Si es más fácil, porque compartes tu tiempo con personas con tus mismos intereses. Además, pasas prácticamente todo tu tiempo con ellas y son tu apoyo en todo momento.

Bea: Al tener que comunicarte en otro idioma y haber una diferencia cultural tan grande, es importante tener apoyo de gente que tenga pensamientos similares a los tuyos.

¿Habéis mantenido el contacto entre vosotras después del viaje?

Bea: Sí claro. Con Laura coincido todos los días en el trabajo y la verdad es que el viaje nos ha unido aún más. Nos hemos apoyado mucho a la vuelta. Con María seguimos hablando y aunque ella esté en Mérida seguro que la volveremos a ver.

María: Son dos personas a las que tengo mucho cariño ¡y no me gustaría perder el contacto!

Momento de relax y risas entre voluntarias y niños y niñas.


¿Cómo fue vuestra relación con los y las peques?

María: Muy buena, ¡son maravillosos! Con el paso de los días, fueron teniendo más confianza, te buscaban para jugar, te hacían partícipe de sus cosas y también eran más traviesos 😜 Es fantástico ver cómo disfrutan de cualquier cosa, cómo se cuidan entre ellos, e incluso de nosotras. Recuerdo una anécdota muy bonita. Cuando Laura y Bea se fueron, yo me quedaba un día más. La despedida fue muy emotiva y me sentía un poco triste, ¡pero en cuanto se fueron, un grupo de niñas vinieron a abrazarme! Es curioso cómo al final hacen mucho más por nosotras que nosotras por ellas.

Bea: En mi caso, algunos niños y niñas más pequeños no se acordaban de mí. Otros sí y les hizo muchísima ilusión volver a verme (y a mí a ellos). Los niños y niñas del orfanato son un amor. Son muy educados y respetuosos. A nosotras nos emocionaba ver que cualquier cosa les hiciese tantísima ilusión. Esos niños y niñas son felices con nada y saben disfrutar de verdad cada segundo que pasa.

¿Hay alguna historia de algún niño o niña que os haya marcado especialmente?

Bea: Sí, lo más impactante es conocer su pasado. La mayoría de los niños y niñas que están allí han pasado por situaciones muy duras. Se merecen que les ayudemos y les demos todo el cariño posible yendo allí.

Los niños y niñas son muy risueños, ¡les encanta jugar! 

¿Qué habéis aportado al proyecto? ¿Habéis trabajado juntas o cada una ha hecho una tarea distinta? 

Bea: Al ser la segunda vez que iba, teníamos varias ideas ya que conocía un poco más las necesidades del orfanato. Antes de viajar, realizamos una campaña para recaudar fondos y poder comprar: ropa interior, toallas, zapatos, compresas, medicinas, productos de higiene, un proyector, una nevera, espejos, semillas, comida para 100 niños para 3 meses, etc. Una vez allí, hicimos un taller de higiene con los niños.

María: Las tres hemos trabajado siempre en equipo, nos hemos organizado y repartido las tareas entre nosotras.

¿Os gustaría volver en un tiempo y ver cómo han crecido los niños y niñas?

Bea: Por supuesto. Pensaba que iba a ser mi segunda y última vez y tenía la necesidad de volver a verles para ver cómo estaban y ya despedirme. Sin embargo, me he enamorado de ellos aún más. Espero volver el año que viene o como mucho dentro de dos, siempre que me sea posible.

María: ¡Claro que si! Espero poder volver tan pronto como me sea posible. Me haría muy feliz volverlos a ver.


La comba es uno de sus juegos favoritos. ¡Qué energía! 

¿En qué os ha cambiado la vida este viaje solidario?

Bea: Me ha cambiado muchos aspectos de mi vida. Cuando ves lo felices que son con la cantidad de carencias que tienen te quedas impactada. Los niños son felices a pesar de no tener una familia. Ellos mismos y Julius y Tabitha (los dueños del orfanato) son su familia. Se emocionan por pintar una hoja o por hacer una pulsera ese día. Lo más increíble es que cuando tienen sus dibujos y sus pulseras… ¡te los regalan! Todo esto te da una auténtica lección del sentido de la vida. Estar allí me hace querer ser mejor persona, valorar todo lo que tengo. Me siento afortunada y a la vez con más ganas de ayudarles.

María: Animo a todo el mundo a vivir esta experiencia. Es una oportunidad única para convivir con otra cultura, aprender, conocer a personas excepcionales y sobre todo disfrutar jugando, paseando, bailando y riendo con los niños y niñas. Cada minuto con  ellos es un regalo.


Foto artística de voluntarias y peques.




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